El cuchillo de 13 centímetros que cambió la historia del tenis: el ataque a Mónica Seles cumple 33 años
Günter Parche, un desempleado obsesionado con Steffi Graf, apuñaló a la número uno del mundo durante un partido en Hamburgo; la herida, que pudo haberla paralizado, la mantuvo alejada de las canchas dos años.

ARGENTINA —
Lo esencial
- 30 de abril de 1993, 18:50, en el estadio Rothenbaum de Hamburgo.
- Günter Parche, 38 años, desempleado alemán, obsesionado con Steffi Graf.
- Seles, 19 años, número uno del mundo, lideraba 6-4 y 4-3 ante Magdalena Maleeva.
- Cuchillo de cocina de 13 cm de hoja; herida de 5 cm de profundidad.
- Un centímetro más a la izquierda habría causado parálisis permanente.
- Parche fue declarado culpable pero recibió condena en suspenso y tratamiento psiquiátrico.
- Seles tardó dos años en volver a competir profesionalmente.
La puñalada que silenció a 10.000 espectadores
Eran las 18:50 del 30 de abril de 1993 cuando Günter Parche bajó las escaleras de las gradas del estadio Rothenbaum de Hamburgo con un cuchillo de cocina oculto. Su objetivo era claro: sacar del circuito a la mejor tenista del mundo, Mónica Seles, de 19 años, que aprovechaba un descanso entre games sentada al borde de la cancha. Parche, un alemán desempleado de 38 años obsesionado con Steffi Graf, se acercó por detrás y le hundió la hoja entre los omóplatos. El grito de Seles enmudeció a los 10.000 espectadores presentes. Aquel silencio atronador se produjo hace exactamente 33 años.
La obsesión de Parche y el contexto deportivo
La historia de Parche comenzó dos años antes del ataque. El 11 de marzo de 1991, Seles le arrebató a Graf el número uno del mundo tras 187 semanas consecutivas de dominio de la alemana. Ese desplazamiento encendió algo en Parche, que consideraba cada victoria de la serbia como una afrenta personal. Durante los meses siguientes, ambas tenistas se alternaron en los primeros puestos, pero Seles terminó por consolidarse en la cima, donde permaneció hasta junio de 1993, dos meses después del ataque. La competencia entre ellas era abordada por todos los medios de comunicación.
El momento del ataque y los testigos
Cuando llegó al Citizen Cup de Hamburgo ese viernes, Seles disputaba los cuartos de final ante la búlgara Magdalena Maleeva. Ganaba con comodidad: 6-4 y 4-3. Parche observaba desde las gradas con el cuchillo encima, al acecho. Christoph Werle, el operador del marcador electrónico del torneo, fue uno de los testigos más cercanos. Treinta años después relató a un diario alemán que lo que vio fue “como una película de terror”. “Grité, y ese grito se escuchó claramente en la televisión”, recordó Werle. “Ya no podía formular una advertencia clara”. Su propio grito, sin embargo, tuvo un efecto involuntario y providencial: hizo que Seles se moviera levemente hacia adelante, reduciendo la profundidad de la puñalada. Winfried Roehl, un espectador sentado en las plateas, vio cómo “la remera se puso roja” y corrió hacia la cancha para sujetar a la tenista. “Vi el cuchillo en el suelo. Pensé: si entró profundo, esto no pinta bien”, declaró a los medios alemanes.
La herida y sus consecuencias físicas
La hoja tenía trece centímetros de largo, pero la herida no superó los cinco centímetros de profundidad. Las investigaciones posteriores determinaron que si el cuchillo hubiera penetrado un centímetro más hacia la izquierda, Seles podría haber quedado paralizada de por vida. Las cámaras de televisión no captaron el momento preciso de la puñalada, pero registraron a Seles desplomándose en llanto mientras Parche era reducido por el personal de seguridad. Tiempo después, la tenista describió el instante con exactitud: “De pronto sentí un dolor horrible en mi espalda. Giré buscando de dónde venía el dolor y vi a un hombre detrás de mí levantando un cuchillo”.
El torneo continuó y la reacción de Steffi Graf
Cuando estaba en su habitación del hospital, Seles supo que el torneo continuó después del ataque. Eso la perturbó tanto como la puñalada misma. Dijo que estaba “consternada” y que entendió rápido la razón: “Es todo por el dinero”. La española Arantxa Sánchez Vicario derrotó a Steffi Graf en la final por 6-3, 6-3. Steffi Graf fue al hospital en los días siguientes. La acompañó la fisioterapeuta del equipo alemán, Madeleine van Zoelen, quien recordó el encuentro: “Steffi sentía que era su culpa, porque él era fanático suyo”. Y sobre el momento en que las dos se vieron explicó: “Steffi y Mónica hablaron poco, las dos lloraron. Steffi no sabía qué decir, ni Mónica tampoco, pero a veces no hace falta decir mucho”.
La condena y el legado del caso
Parche fue detenido en el acto y procesado por la justicia alemana. El tribunal lo declaró culpable pero le impuso una condena en suspenso, con derivación a un centro de rehabilitación psiquiátrica, tras certificar que tenía una “estructura de personalidad anormal” y alteraciones psicológicas. El ataque marcó un antes y después en la seguridad de los deportistas y en la vida de Seles, quien tardó dos años en volver a competir. Nunca recuperó el nivel que la había llevado a la cima, pero su historia sigue siendo un recordatorio de cómo la obsesión puede truncar una carrera en segundos.
En resumen
- El ataque ocurrió el 30 de abril de 1993 en Hamburgo, durante un partido de cuartos de final del Citizen Cup.
- Günter Parche, fanático de Steffi Graf, apuñaló a Mónica Seles por detrás con un cuchillo de cocina de 13 cm.
- La herida de 5 cm de profundidad estuvo a un centímetro de causar parálisis permanente.
- Parche fue condenado a pena suspendida y tratamiento psiquiátrico por su 'estructura de personalidad anormal'.
- Seles tardó dos años en regresar al tenis profesional, pero nunca volvió a ser la número uno.
- El torneo continuó tras el ataque, lo que Seles calificó como motivado por el dinero.







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