El vacío del sable corvo: una réplica de Pallarols para el Museo Histórico Nacional
La ausencia del sable de San Martín en su urna del MHN, trasladado al Regimiento de Granaderos, impulsa una propuesta de calco del orfebre Juan Carlos Pallarols financiada por suscripción popular.

ARGENTINA —
Lo esencial
- El sable corvo de San Martín fue trasladado por decreto presidencial al Regimiento de Granaderos a Caballo.
- La urna del Museo Histórico Nacional permanece vacía desde entonces.
- Juan Carlos Pallarols ya realizó un calco del sable original.
- El sable fue adquirido por San Martín en Londres en 1811.
- San Martín legó el sable a Juan Manuel de Rosas en su testamento de 1844.
- El sable fue robado dos veces en los años 1960 por la Juventud Peronista.
- En 1967 se decidió su custodia en el Regimiento de Granaderos a Caballo.
- Los herederos de Rosas donaron el sable a la Nación en 1897 con la condición de exhibición perpetua.
Una urna vacía en la Sala del Sable
La Sala del Sable del Museo Histórico Nacional (MHN) exhibe un vacío que angustia. La urna de cristal, diseñada para custodiar el sable corvo del general José de San Martín, espera en vano el regreso de su legítimo ocupante. Por decreto presidencial, el arma fue trasladada al Regimiento de Granaderos a Caballo, su repositorio final, dejando un espacio que los visitantes –escolares, turistas, ciudadanos– ya no pueden llenar con la contemplación del símbolo máximo de la independencia. La ausencia es particularmente dolorosa para quienes, como el autor de la propuesta, han seguido durante 35 años los pasos del Libertador. En una reciente visita al MHN, tras presentar el libro “Sitios Históricos Sanmartinianos” en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, la sensación de tristeza fue inevitable. El museo conserva aún el catre de campaña, el poncho de luz obsequiado por los pehuenches, y el frac de gala que San Martín usó como Protector del Perú, pero la joya de la corona ya no está.
La propuesta: un calco exacto del orfebre Pallarols
Ante esta realidad, surge una iniciativa que busca sanar la herida museográfica: encargar al reconocido orfebre Juan Carlos Pallarols la realización de un “clon” o calco del sable original. Pallarols ya ha trabajado con la pieza original y explica que un calco no es una simple copia, sino una reproducción técnica tan precisa que captura cada “cicatriz” y abolladura del acero persa, logrando un peso y textura idénticos al original. La propuesta, presentada a través de los organismos nacionales pertinentes –Secretaría de Cultura, Asociación de Amigos del MHN, u otros–, sugiere que la pieza sea financiada mediante una suscripción pública nacional. En otras épocas, los grandes monumentos y el propio mausoleo que guarda los restos del Libertador en la Catedral se erigieron con el aporte voluntario del pueblo, desde monedas de estudiantes hasta contribuciones de empresas e instituciones. Esta tradición patriótica inspiraría el proyecto.
La odisea del sable: de Londres a la custodia militar
La historia del sable corvo es en sí misma una crónica de peripecias. Adquirido por San Martín en una tienda de usados en Londres en 1811, este shamshir de acero de Damasco llegó con él al puerto de Buenos Aires el 9 de marzo de 1812 y lo acompañó en toda su gesta libertadora, aunque las pruebas indican que no fue el que empuñó en el combate de San Lorenzo. Tras su retiro y partida al ostracismo el 10 de febrero de 1824, San Martín no llevó el sable consigo a Europa, sino que lo dejó en custodia en Mendoza. Años después, desde París, encargó a su hija Mercedes y a su yerno Mariano Balcarce que lo recuperaran: “Traigan mi sable corvo, que me ha servido en todas las campañas en América y servirá para algún nietecito, si es que lo tengo”. Finalmente, el objeto fue trasladado a su residencia en Francia. El 23 de enero de 1844, en su testamento redactado en París, el Libertador dispuso que el sable fuera entregado a Juan Manuel de Rosas como reconocimiento a la firmeza con que defendió la soberanía argentina. Tras la muerte de San Martín el 17 de agosto de 1850, la reliquia fue enviada a Buenos Aires a Rosas, quien luego de 1852 lo llevó a su exilio en Inglaterra. A su fallecimiento en 1877, pasó a manos de su hijo político, Máximo Terrero.
Donación a la Nación y los robos del siglo XX
En 1896, el director del recién creado Museo Histórico Nacional, Adolfo Carranza, gestionó el retorno del sable. Los herederos de Rosas decidieron donarlo a la Nación en 1897, con el pedido específico de que sea exhibido a perpetuidad para la veneración del pueblo argentino. Sin embargo, el destino del sable volvió a torcerse por los avatares políticos del siglo XX. El 12 de agosto de 1963, militantes de la Juventud Peronista robaron el sable por primera vez; fue recuperado el 28 de agosto. Un segundo robo ocurrió el 19 de agosto de 1965, con recuperación en junio de 1966. Ante la vulnerabilidad, en 1967 se decidió su traslado en custodia al Regimiento de Granaderos a Caballo, bajo el argumento de que allí estaría más seguro y vinculado a la unidad que el propio San Martín creó.
Custodia militar versus acceso público
Si bien la custodia por los Granaderos es un honor indiscutible, y nadie lo cuidará mejor que los herederos naturales de su gloria, su ausencia en el Museo Histórico Nacional priva a miles de ciudadanos, y especialmente a estudiantes, de contemplar el símbolo máximo de la independencia en su repositorio natural. La urna vacía es un recordatorio constante de esa pérdida. La propuesta del calco busca conciliar ambas necesidades: que el original permanezca seguro en el Regimiento, mientras una réplica exacta, obra de Pallarols, ocupe el lugar que le fue destinado en el MHN. De esta forma, el sable “que jamás salió de la vaina por opiniones políticas” volvería, a través de una representación artística, a unir a los argentinos en un esfuerzo común por la memoria sanmartiniana.
Una suscripción popular para la réplica
La financiación mediante suscripción pública nacional evoca gestas anteriores: los grandes monumentos y el mausoleo de la Catedral se erigieron con el aporte voluntario del pueblo. La propuesta sugiere que desde la Secretaría de Cultura, la Asociación de Amigos del MHN u otro organismo pertinente se canalice el proyecto, permitiendo que el pueblo argentino vuelva a ser protagonista de su historia. Un nuevo calco del sable corvo, entregado en una ceremonia pública al Museo Histórico Nacional, ocuparía el lugar destinado al original. En un acto simbólico, a través de esta pieza de orfebrería, el acero que forjó la independencia estaría nuevamente al alcance de la mirada pedagógica y patriótica de todos los argentinos. Es momento de que la historia y la memoria sanmartiniana encuentren un nuevo cauce.
En resumen
- El sable corvo de San Martín fue trasladado por decreto presidencial al Regimiento de Granaderos a Caballo, dejando vacía su urna en el MHN.
- El orfebre Juan Carlos Pallarols propone realizar un calco exacto del sable para exhibirlo en el museo.
- La réplica sería financiada mediante una suscripción pública nacional, siguiendo la tradición de aportes populares para monumentos históricos.
- El sable original tiene una historia compleja: adquirido en Londres en 1811, legado a Rosas, donado a la Nación en 1897, y robado dos veces en los años 1960.
- La custodia militar garantiza seguridad, pero limita el acceso público al símbolo máximo de la independencia argentina.
- La propuesta busca conciliar la protección del original con la necesidad pedagógica y patriótica de que el sable esté visible para todos los argentinos.


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