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Molly Rogers viste a Miranda de Armani y Andy de segunda mano en 'El diablo viste de Prada 2'

La diseñadora de vestuario revela los secretos de la secuela, desde los pendientes de farmacia de Meryl Streep hasta el desfile en Milán con 12 firmas italianas.

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Molly Rogers viste a Miranda de Armani y Andy de segunda mano en 'El diablo viste de Prada 2'
La diseñadora de vestuario revela los secretos de la secuela, desde los pendientes de farmacia de Meryl Streep hasta el Crédito · EL PAÍS

Lo esencial

  • Molly Rogers, sucesora de Patricia Field, diseñó el vestuario de la secuela.
  • En la primera película, tres diseñadores (Oscar de la Renta, Lanvin, Jean Paul Gaultier) se negaron a prestar ropa.
  • Para la secuela, todos los diseñadores se ofrecieron voluntariamente, lo que obligó a seleccionar entre un exceso de piezas.
  • Meryl Streep llevó unos pendientes de farmacia de 9,99 dólares que ella misma encontró.
  • El rodaje en Nueva York fue seguido por paparazzi y fans con smartphones, dificultando mantener sorpresas.
  • La película incluye un desfile en Milán con casas como Prada, Fendi, Dolce & Gabbana y Versace.
  • Anne Hathaway usó hasta 47 outfits en la película; Miranda Priestley, 28.
  • El abrigo favorito de Rogers es un Armani negro con pedrería que Miranda luce en la Galería Vittorio Emanuele II.

Veinte años después, la moda se rinde a la secuela

Cuando se estrenó 'El diablo viste de Prada' hace exactamente dos décadas, la industria de la moda miró con recelo a la película. Tres casas de renombre —Oscar de la Renta, Lanvin y Jean Paul Gaultier— se negaron explícitamente a prestar sus prendas, temiendo que la cinta dañara su imagen. Hoy, el panorama es radicalmente opuesto. Para la secuela, que llega a los cines coincidiendo con el puente del 1 de mayo, los diseñadores han competido por participar. "Esta vez, todos estaban muy emocionados y querían formar parte", explica Molly Rogers, la diseñadora de vestuario que ha tomado el relevo de Patricia Field. El problema ya no era conseguir ropa, sino gestionar la abundancia. "Había demasiado. Tuvimos que aprender a seleccionar", confiesa Rogers. El criterio fue claro: evitar que la película se convirtiera en un anuncio. "Si un bolso estaba muy de moda, lo apartaba", dice. La intención era lograr una estética atemporal, como la de la primera entrega, que hoy no permite datar con precisión.

La evolución de los personajes a través de sus armarios

Los personajes han madurado en dos décadas, y sus vestuarios lo reflejan. Andy Sachs, interpretada por Anne Hathaway, ha pasado de no saber deletrear 'Gabbana' a poseer un fondo de armario profesional con blazers de calidad, que sabe dónde encontrar a buen precio. "Annie nunca había usado tacones altos cuando hizo la primera película. Ahora es una chica de portada", señala Rogers. Emily, la villanesca de Emily Blunt, vestía antes de diseño pero comprado en el outlet Century 21; ahora va de la cabeza a los pies en Dior, la firma para la que trabaja. Miranda Priestley, por su parte, ha adaptado su buen gusto a su edad. Las actrices participaron activamente en el diseño de sus looks. "Tuvimos conversaciones y discusiones muy profundas con los actores sobre hacia dónde nos dirigíamos con la ropa", cuenta Rogers. Meryl Streep llegó al primer día de pruebas con unos pendientes de aro plateado comprados en una farmacia por 9,99 dólares. "Era perfecto, no importaba de dónde viniera", dice la diseñadora.

De la negativa al entusiasmo: el cambio de actitud de los diseñadores

Si en 2006 costó vestir a los personajes, en 2026 la situación se invirtió. Rogers recuerda que en la primera película "Mr. Valentino fue el primero que dijo: '¿Cómo puedo ayudar?'". Ahora, la secuela ha reunido a una docena de firmas italianas para un desfile en Milán: Emilio Pucci, Etro, Fendi, Moschino, Missoni, Prada, Dolce & Gabbana, Lorenzo Seghezzi, Rosamosario, Roberto Cavalli y Antonio Marras. Además, Donatella Versace, Dolce & Gabbana y Lady Gaga aparecen en cameos. Para Rogers, trabajar con los archivos de estas casas fue un sueño. "Te sientes tan afortunado cuando puedes ir corriendo a Fendi, al archivo en Roma, y rebuscar con guantes puestos para ver qué hay", relata. El rodaje incluyó una escena en la Galería Vittorio Emanuele II de Milán, donde Miranda luce un abrigo largo negro con pedrería de Armani. "Él acababa de fallecer y nos alegraba mucho rendirle homenaje con su ropa", dice Rogers.

El desafío de rodar en la era del smartphone

El rodaje en las calles de Nueva York se convirtió en un acontecimiento social. Ya no solo había paparazzi profesionales, sino decenas de admiradores armados con smartphones. "La única forma de guardar algo para el público es rodando en interiores", explica Rogers. A pesar de los esfuerzos por mantener sorpresas, hubo momentos cómicos: "Una vez le di una bata a Meryl para que se la pusiera encima de su atuendo, se olvidó de ella y se la dejó puesta, y cuando salió con la bata, todos pensaron que era parte del vestuario". La exposición mediática ha sido inevitable, pero el equipo asume que forma parte del fenómeno. La primera película se ha convertido en un filme de culto, y sus fotogramas se comparten sin fin en redes sociales. Para los diseñadores, estar en la secuela es "publicidad andante", según Rogers.

Una secuela que mira al futuro sin olvidar el pasado

La película no solo actualiza los armarios, sino que también rinde homenaje a la historia de la moda. El desfile en Milán, organizado por la revista Runway, celebra a los diseñadores italianos. Rogers destaca que el abrigo de Armani no solo era una prenda, sino un tributo al recién fallecido Giorgio Armani. "Fue muy bonito", dice. Con 47 outfits para Andy y 28 para Miranda, más los de Emily y los cameos, el vestuario es una pieza clave de la narrativa. La diseñadora confiesa que elegir un favorito es difícil, pero se queda con la imagen de Miranda en Milán: "Me pareció un escenario precioso y un abrigo precioso". La secuela promete sumergir al espectador en el mundo de la moda durante dos horas, sin que parezca un anuncio.

En resumen

  • Molly Rogers, sucesora de Patricia Field, ha diseñado un vestuario que refleja la evolución de los personajes en 20 años.
  • La industria de la moda ha pasado de rechazar la primera película a apoyar entusiastamente la secuela.
  • El rodaje en exteriores se ha visto afectado por la presencia masiva de fans con smartphones.
  • La película incluye un desfile en Milán con 12 firmas italianas y cameos de Donatella Versace y Lady Gaga.
  • Meryl Streep usó pendientes de farmacia de 9,99 dólares, demostrando que el estilo no depende del precio.
  • La secuela busca una estética atemporal, evitando que la ropa parezca un anuncio de temporada.
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